Por Fernando RUIZ DEL CASTILLO

 

Una de las funciones principales del periodismo y de los periodistas, es señalar los errores y omisiones de las autoridades.

Es parte de nuestra esencia y nuestro compromiso. Algunos medios internacionales se llaman los "perros guardianes del gobierno".

Para Edison Lanza, relator especial para la libertad de expresión para América Latina  de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha propuesto que el papel de la prensa en México sea del "perro guardián de la democracia".

Es el oficio.

Pero eso no nos exime también del debe de reconocer, sin caer en arrebatos de servilismo, los aciertos de esas mismas autoridades.

Por eso, así como en su oportunidad criticamos que atendiendo un capricho presidencial se haya pintado color tierra el acueducto Mexicali-La Rumorosa, también tengo que reconocer la postura adoptada por el gobernador Jaime Bonilla Valdez al advertir que no es tiempo de cambiar la coloración del semáforo en Baja California.

No es un secreto que algunos sectores productivos y prestadores de servicios, en su desesperación por la caída de sus ventas, estén presionando a los gobiernos federal, estatal y municipal para acelerar el cambio de rojo a naranja en el semáforo sanitario creado por la pandemia del Covid 19.

Algunos gobernantes, incluyendo en otros países, han cedido a esas presiones y decidieron levantar algunas restricciones para impulsar la economía. Hoy, ante los rebrotes alarmantes, han reculado y apretando de nuevo las medidas restrictivas.

San Diego, en California, vecina de Tijuana, Baja California, es una de ellas. Pero también en Italia lo hicieron, en Francia, en España y en Wuhan, ciudad de China señalada como el origen de la pandemia que ha rebasado los 500 mil muertos y 10 millones de contagiados en el mundo.

Por eso al responder este domingo a una de la preguntas que de manera virtual le hicieron llegar, el gobernador Bonilla mostró su desacuerdo con lo ocurrido en la Ciudad de México y adelantó que, por lo pronto, en Baja California nos mantendremos en rojo.

Y qué bien que así sea.

Porque independientemente de la confianza o no que se tenga en los reportes que diariamente presenta en las simi mañaneras sobre las víctimas del Covid 19 en Baja California, las cuales en ocasiones caen en un falso optimismo, la postura del jefe del Ejecutivo es de preocupación, pero con gran responsabilidad.

Bonilla Valdez seguramente también ha sentido la presión de los prestadores de servicios turísticos, restaurantes, hoteles, bares, centros nocturnos, casinos, etcétera, para comenzar a abrir sus espacios y atraer ingresos. Varios negocios, desgraciadamente, ya han tenido que cerrar y difícilmente consideran reabrir.

Pero el Jefe del Ejecutivo Estatal antepuso la seguridad y la salud de los bajacalifornianos por sobre los intereses económicos y la presión que debe haber de algunos de sus colaboradores, para mover los indicadores y cambiar pronto el semáforo del rojo, al naranja.

Las razones son muy poderosas y hay que aceptar que el Gobernador
Bonilla no ha caído en la tentación de adelantarse a una victoria sobre la pandemia que, por los números y las expresiones, se ve todavía muy lejana.

Las cifras si bien es cierto son reales, suelen ser manipulables.

Pero hay ocasiones, como la que hoy nos ocupa, que el sentido común se impone por sobre gráficas y estadísticas, especialmente cuando el círculo de conocidos, amigos y familiares afectados por la pandemia se va estrechando más y más, día con día.

No fue gratuita la expresión corporal del Gobernador del Estado que reflejaba duda y preocupación luego de que el secretario de Salud, Óscar Alonso Pérez Rico, reportó que en los hospitales del Estado y el IMSS de Baja California, hay alrededor de 200 pacientes intubados y han aumentado los contagios activos.

Seguramente ante el panorama poco venturoso y las noticias tempraneras de los rebrotes en San Diego, California y otras regiones del mundo, Bonilla Valdez cortó de tajo cualquier posibilidad de que, al menos la próxima semana que se cruza con el Día de la Independencia de Estados Unidos y cuando miles de norteamericanos visitan Baja California, avancemos hacia el semáforo naranja.

Bien por la decisión, bien por el Gobernador al anteponer la salud de sus representado sobre una recuperación económica que, con el esfuerzo de todos, seguramente llegará cuando tenga que llegar, pero nunca sobre la vida de un ciudadano de Baja California.

Vamos a ver qué tanto aguanta la presión.

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