Por Elsa Ancudo Veloz.

A ver, a ver, a ver…

Hasta ahora, creo que nadie ha puesto en duda que Salomón Faz Apodaca sea un hombre inteligente.

Desde su paso por la primaria y secundaria en el Instituto Adalberto Sotelo en su Caborca, Sonora, destacaba no solo por su voz, sino por sus buenas calificaciones.

Es orgullo de su padre, Salomón Faz Sánchez, un hombre que estuvo a punto de llegar a la gubernatura de Sonora, por su fuerte relación personal con el expresidente José López Portillo.

Fue un simpatizante inteligente, siempre crítico, agudo, por cierto, hasta la acidez si se quiere, del Partido Revolucionario Institucional.

Inteligentemente, supo sumarse al esfuerzo de Jaime Bonilla Valdez en su campaña a la gubernatura del Estado, sacrificando incluso su cargo en el gobierno federal priista e integrarse al cuerpo de asesores en materia agropecuaria.

Inteligentemente, esperó el reconocimiento del ya electo gobernador Bonilla para llegar al Gobierno del Estado de la 4ta. Transformación, primero como director de adquisiciones, enseguida como Oficial Mayor y asumir como primer secretario del Agua del Estado de Baja California, puesto que actualmente ocupa.

Por eso, cuando insiste en que pintar el tubo del acueducto Mexicali-La Rumorosa, que por más de 30 años era de color azul, a color tierra, su argumento resulta un insulto.

Quesque, dice, por respetar el medio ambiente y recuperar el entorno, aunque viole el cumplimiento de normas oficiales establecidas y, a lo mejor por mera casualidad, atienda la instrucción del presidente Andrés Manuel López Obrador dictada al gobernador Bonilla Valdez.

Por eso, el hecho de que sea un hombre inteligente, no le autoriza a que nos considere a quienes no le creemos sus poco inteligentes argumentos, unos verdaderos idiotas.

Además, como hombre inteligente que es sabe, como sabemos todos, que las órdenes no se discuten. Simplemente, se acatan.

 

 

 

 

 

 

 

 

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