Por años, una de las banderas del líder social llamado López Obrador fue la lucha contra la corrupción, sobre todo en su modalidad de "los moches", que no eran otra cosa que la dádiva de empresas privadas a los servidores públicos.

Durante la contienda presidencial de 2018, AMLO convirtió en un mito contra "los moches" al candidato del PAN, Ricardo Anaya, al que acreditó llevar a niveles de epidemia el pago de "moches". 

Sin embargo, hoy el presidente Obrador, de nueva cuenta se traga sus palabras y, sin pudor alguno, se convierte en el principal promotor de "los moches" de Estado.

Es decir, desde el gobierno federal, el jefe del Poder Ejecutivo, el mismísimo presidente Obrador es el principal promotor de "los moches" del gobierno lopista.

¿Por qué?

Porque anoche, ante los cien más influyentes empresarios del país, AMLO pasó la charola, pidió "moche", puso todo el peso del Estado y del presidente para llevar a cabo un grosero "chantaje de Estado".

Algunos lo llamaron "el pase de charola", porque el presidente les habría pedido 20 millones de pesos a cada uno de los grandes empresarios del país, a manera de amable contribución a ese fraude llamado "la rifa del avión presidencial", sin que incluya ninguna rifa de ningún avión.

Otros, más candorosos, especularon que la dádiva voluntaria de "los hombres del dinero" al gobierno federal, es la mejor fórmula para distribuir la riqueza, a fin de lograr el bienestar de los mexicanos.

Incluso, los más atrevidos, recordaron que el entonces candidato, López Obrador, ya había recurrido a la estrategia de convocar a hombres de empresa, para financiar su campaña presidencial.

Lo cierto, sin embargo, es que la cena de anoche, en Palacio Nacional –entre el presidente Obrador y algunos hombres de empresa más acaudalados–, no sólo significó el regreso institucional de "los moches" sino que se convirtió en la mejor prueba –una prueba contundente–, de que el presidente es el mayor promotor de "la transa de Estado".

¿Transa de Estado?

En efecto, una transa que pretende ser disfrazada como encuentro de buena voluntad, amigable, en donde "voluntariamente" –a fuerza–, hombres del dinero abrieron sus carteras para regalar al gobierno de AMLO 20 millones de pesos, por cabeza, para hacer realidad las ocurrencias presidenciales.
Y ay de aquel que se oponga, que se queje, que se atreva a decir que no, porque entonces caerá sobre él todo el peso de la corrupción de Estado; será aplastado igual que Rosario Robles, y será metido en prisión con el aval del Poder Judicial.

Y es un montaje porque, en el fondo, el mismísimo presidente Obrador se convirtió en el promotor del mayor acto de corrupción oficial; un auténtico "moche", "pase de charola", "cobro de piso", chantaje y extorsión.

¿"Moche", "pase de charola", chantaje, extorsión, "cobro de piso…"?

1.- Es un "moche" porque el mismísimo presidente de los mexicanos pide a los hombres de empresa una contribución, en especie, a cambio de buen trato, de impunidad y de no iniciar persecución oficial en su contra.

2.- Es un "pase de charola", porque igual que hizo en su propia campaña presidencial, Obrador es hoy el presidente que "pasa la charola" entre los empresarios para obtener más ingresos para el funcionamiento del Estado; más rentas que aquellos que ya pagan por la vía de los impuestos.
3.- Es un "cobro de piso" porque el mismo día que se llevará a cabo la "cena del moche", el presidente les prometió impunidad a los empresarios que lo apoyan. ¡"Si me apoyan son impunes, si no, son rateros"!

Ese habría sido el mensaje de fondo.

4.- Y, sin duda, asistimos a un grosero chantaje porque, en la realidad –y en donde llega todo el peso del poder presidencial–, son convocados los empresarios a quienes se obliga a entregar "moches" a cambio de contratos sin licitación, sin riesgos, con total impunidad y, sobre todo, para los empresarios es la compra de un seguro de vida para no ser perseguidos.

Curiosamente, "la cena de la extorsión" se llevó a cabo a puertas cerradas, el mismo día en que fue detenido Emilio Lozoya, epitome de la corrupción del gobierno de Peña Nieto y, un mensaje claro de lo que les puede pasar a los empresarios que se atrevan a decirle "no" a las estupideces de AMLO.

Si, al final quedó claro que AMLO es el presidente de aquellos a quienes pronto veremos cargando sus culpas.

¿Y quiénes se arrepentirán?

Hasta el final veremos a los culpables.

Al tiempo.

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