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¿Amamos a Hermosillo?





Personajes representativos de la ciudad

Héctor Rodríguez Espinoza

 

1. Nexos, diciembre 1986, publicó el Ensayo Suave Matria, del historiador michoacano Luis González. Autor de la novela Pueblo en vilo, pone frente a la Patria el concepto de la "matria", rescata la Patria Chica, la micro patria: aquel "pequeño mundo que nos nutre, nos envuelve y nos cuida de los exabruptos patrióticos; al orbe minúsculo que, en alguna forma, recuerda el seno de la madre cuyo amparo se prolonga después del nacimiento"; "área homogénea de características físicas y culturales diferentes de las vecinas".

Siempre ha sido la Patria el valor infundido a través de los lemas militares como "Frente a la Patria, o se es leal o se es traidor"; "La Patria es primero"; el mandamiento del artículo 3o. Constitucional de inculcarnos el "amor a la Patria"; y el poema romántico y nacionalista de Ramón López Velarde, Suave Patria.

Pero las Patrias no son fáciles de identificar, de aprehender y de amar. México cuenta con dos millones de kms.  cuadrados, lo habitamos, bien que mal, 120 millones de seres humanos. Coexisten, con o sin nosotros, 56 grupos étnicos, con sus dialectos y culturas. Nuestros niveles de Historia Universal van, desde quienes viven todavía en la edad de la piedra pulimentada, hasta quienes lo hacemos cotidianamente en la era de las microcomputadoras.

Los elementos que cohesionan este abigarrado mosaico son: el idioma español, la religión católica y el régimen político.

II. Bajo esta Patria subyace un conjunto desigual y combinado de zonas, regiones y municipios. Unos la parten en 9 zonas originales; una sería la nuestra, "el Noroeste de los Jesuitas", en atención a los 170 fecundos años que rigieron la economía, el espíritu y la conciencia de los pueblos del noroeste novo hispano.

Los ecologistas la dividen en hasta 200 regiones. Los académicos, Antropólogos, Historiadores, Economistas y Juristas estudian el desarrollo regional.

La Patria, no obstante las redes sociales, terminan por convertirse en una entelequia que nos dice muy poco. (¿Qué podría significar, por ejemplo, para los guarijíos de la alta Sierra de Álamos y El Quiriego, o para los seris de la Costa de nuestro orgulloso Hermosillo, el águila devorando una serpiente, sobre un nopal, símbolo nacional de la fundación de Tenochtitlán, a 5 siglos y 2, 000 km  de distancia?)

Sin perjuicio de la necesidad de pertenecer a una Patria común, máxime nuestra "frontera con una nación de cultura pesada y dominante", es necesario reconocer algún núcleo social en el que nacimos, crecimos y adquirimos las vivencias, afectos y valores más tempranos. Puede ser una ranchería, un ejido, un barrio, una colonia, y hasta una ciudad de regular tamaño. Aquí se da la primera identidad cultural, la de aldea, sin la cual no pueden sustentarse la nacional y la universal, a la que aspiramos.

Incluso esa vida costumbrista, bucólica y coloquial, nos permite despojarnos de solemnidades y tomarnos libertades que traslucen una forma de ser y estar en nuestra comunidad. Por ejemplo, tutearnos y hablarnos por medio de los sobrenombres.

III. Estas miles de identidades, indígenas y mestizas, que coexisten en los 2,372 municipios, en las 96,000 localidades del país, evolucionan conforme la nación pierde su carácter rural y se transfiguran en el despersonalizante e industrial ámbito urbano.

Gabriel García Márquez, Juan Rulfo y el místico poeta checo Rainier Rilke coinciden en que, es en la edad temprana, la que llega hasta los ocho años, la que nos marca; los "pininos" de las primeras huellas del camino a recorrer. "La vida es imitación", escribió Pitirín Sorokin. Por eso los jesuitas, cuya paternidad civilizadora del noroeste decían: "Denme un niño hasta los 7 años, y haré con él lo que quiera". Recordemos a José Rafael Campoy Gastélum (15 de agosto 1723-21 diciembre de 1777). Jesuita novohispano, único sabio alamense universal, compañero en el Colegio Noviciado de San Francisco Javier de Francisco Javier Clavijero, Andrés Calvo y Francisco Javier Alegre, entre otros, llamados los humanistas mexicanos del siglo XVIII.

IV. Gilberto Escobosa y Flavio Molina pudieron decir que Hermosillo ya no era el conjunto de jacales que, con el nombre indígena de Pitiquín, conoció Eusebio Francisco Kino en 1686, en el vaso de la presa "Abelardo L. Rodríguez", en el paso del humanista Trentino a la Pimería Alta y al encuentro de su grandioso destino; no es aquella ranchería pomposamente llamada Real Presidio de San Pedro de la Conquista del Pitic, en los gobiernos coloniales de Agustín de Vildósola y de Rafael Rodríguez Gallardo, en 1748, que habitaban pocos seris y mestizos, en el rumbo de la Casa de la Cultura; no es el rancho grande que describieron Francisco José Velasco y el Capitán Gillete, en 1850-66, de 7 u 8 mil habitantes; el bizarro, liberal y cervecero pueblo que coloquialmente retratan José Encisco Ulloa en Vidas anónimas; Fernando A. Galaz, en Desde el cerro de la Campana; Agustín Zamora, en La Cohetera, mi barrio; Ana Ramírez, en El señor del retiro; Catalina Acosta de Bernal, en Gemas; Enriqueta de Parodi, en Ventana al interior, Luis López Álvarez, en su costumbrista anecdotario Aquellos tiempos anchos; y Abelardo Casanova L., en su novela Los pasos perdidos; la ciudad agrícola de 1950, que contaba ya con 43,519 habitantes, pero cuyos límites seguían siendo la calle Veracruz, al norte; el vado del río, al sur; la capilla del Carmen, al oriente; y la colonia Centenario, al poniente.

Los que nacimos, crecimos, estudiamos y vivimos en Hermosillo, sentimos los secretos imborrables de nuestra infancia y juventud. La casa, la calle y el barrio donde nacimos; los amigos, las fiestas, escuelas y sucesos de aquel pueblo grande que fue hasta los 30s; que se transformó en ciudad con la fundación, en 1942, de la Universidad de Sonora, y la apertura de tierras al cultivo en la Costa de Hermosillo, en los 50s.

¡Cómo podría olvidar mi barrio de la 5 de Mayo, y cuando desde el changarro "La Ciudad de Zacatecas" de "Don Odón", mi padre, vi erigir el majestuoso templo de "El Sagrado Corazón de Jesús"; las fantasiosas temporadas de lucha libre en el Cine Arena, con "el Carnicero Butcher", "el Médico Asesino", "el Gorilita" Flores, "el Cavernario" Galindo; el pan nuevecito de la panadería "La Flor y Nata"; el histórico jonrón de Jimmy Ochoa, en el 9° ining, para decidir en favor de Hermosillo, un partido frente a los Diablos Rojos de la capital; mis aprendizajes en la Primaria Ángel Arreola, que dirigía la profesora Zoyla Reyna de Palafox; la grandota Primaria Heriberto Aja, cercenada ahora más de la mitad; la Secundaria de la Universidad de Sonora que dirigió el profesor Amadeo Hernández, en la que enseñaban "Corralitos", "El Botas", "El Glostora", el Mayor Isauro Sánchez Pérez, "El Chipote" Córdova; las campañas de Antonio "Toño" Sánchez Rodarte, para Presidente de la FEUS, cuyos votos los obtenía regalándonos paletas de "Don Canti" y un cúmulo de íntimas evocaciones que se agolpan a mi memoria...! ¿cómo?

V.- Esa necesidad de contar con identidad cultural matriótica, nos lleva a contar con ciudadanos cuyo amor a su Matria les inspire observar, investigar, preservar, enriquecer y divulgar los pequeños grandes sucesos que van construyendo, día a día, la historia de sus lugares de origen. Ellos son los cronistas.

Para aquilatar su importancia social: ¿qué fuera de la historia del país sin sus códices prehispánicos, las cartas e informes de relación y las crónicas de los indígenas de Mesoamérica y de los cronistas europeos? ¿Qué fuera de la historia de Sonora, sin las crónicas de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Francisco Vázquez de Coronado, Andrés Pérez de Rivas, Eusebio Francisco Kino, Luis Xavier Velarde, Guiseppe María Genovese, Daniel Januske, José Agustín Campos, Juan Nentuig, Ignacio Pfefferkorn, Rafael Rodríguez Gallardo, Francisco Velasco, Eduardo W. Villa, Francisco R. Almada, Laureano Calvo Berber, Manuel San Domingo...? ¿Qué fuera de la historia de Hermosillo, sin las crónicas de los intuitivos cronistas hermosillenses que mencioné?

VI. En aquel lejano 17 de Febrero de 1987 expresé mi enhorabuena que el Ayuntamiento de Hermosillo le dio rango moral al ser y quehacer del cronista: el reconocimiento a Don Gilberto Escobosa Gámez, y en él, a la memoria de todos aquellos hermosillenses quienes nos han legado un atesorable depósito de conocimientos y sentimientos invaluables y trascendentes.

VII. Juan Ramón Gutiérrez escribió que el hombre siempre ha tenido curiosidad por averiguar de dónde viene y a dónde va; qué ha hecho en vida y cuáles son sus proyectos. Por eso ha conservado parte de su acervo, las ruinas de las que fueron sus ciudades, sus monumentos históricos o lo plasmado en las pinturas de las cuevas; los vestigios de su paso por este mundo, sus impresionantes archivos con documentación escrita, disponible para el interesado.

Hermosillo ha contado con excelentes cronistas nativos o no, que han contado su maravillosa historia. Desde un Feliciano Arvizu, pasando por un Pedro B. Chilshom, Eduardo W. Villa, Francisco R. Almada, Gilberto Escobosa, Rómulo Félix, José Rafael Rentería e Ignacio Lagarda. Poco a poco han hilvanado su historia y sus secretos.

Feliciano Arvizu, hermosillense, escribía en la Estrella de Occidente, órgano del gobierno del Estado que publicaba sus reseñas acerca de la cuidad y su gente. Alrededor de 1860, publicó una pequeña monografía, sus edificios públicos más importantes, como el Templo Parroquial (la catedral), La Casa de la Moneda (correos y telégrafos) y la Casa Municipal (actual Palacio de Gobierno). También del número de habitantes, nacimientos y defunciones, campañas de salubridad, etc.

Don Francisco  Velazco, nacido en Hermosillo. En 1983 el gobierno del Estado reeditó su obra, disponible en cualquier biblioteca pública o privada. Fue diputado, funcionario de gobierno y corresponsal de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Tío carnal de la legendaria Lola Casanova y padre de José Francisco Velazco Noriega, quien se batió, fusil en mano, contra de los franceses en Guaymas, en la memorable jornada del 13 de julio de 1854.

Agustín ¨El Cuervo¨ Zamora, célebres narraciones de un ágil observador del añejo Hermosillo. Su obra más importante, La Cohetera, mi barrio, vida y vicisitudes de sus habitantes.

Fernando A. Galaz nació en 1897, en Las Pilas, cronista sin nombramiento oficial. Nos legó Desde el Cerro de la Campana, dos tomos; su monumental Dejaron huella en el Hermosillo del ayer y hoy, de casi 800 páginas, en tres secciones.         Murió alrededor de 1970, en que falleció también Don Enrique "El Chiludo" Contreras.

Enrique "El Chiludo" Contreras, distinguido peluquero de la calle Chihuahua, publicó Cosas viejas de mi tierra, en papel revolución. Lo vendía en su peluquería, a 5 duros.  

Don Gilberto Escobosa Gámez, primer cronista oficial. Su interés por la historia le hizo observar, distinguir y redactar lo malo y lo bueno de Hermosillo. Creó un interesante  archivo personal,  que su hijo Claudio ha puesto a la mano de investigadores profesionales y aficionados.

Flavio Molina Molina, autor de más de 20 libros, como Historia de Hermosillo Antiguo; pistas de la fundación del Real Presidio del Pitic, "además de los negocios chuecos del corrupto sargento de milicias Don Agustín de Vildósola", juzga Juan Ramón Gutiérrez.

Don Luis López Álvarez escribió Aquellos tiempos  anchos, la vida del Hermosillo de los ¨30s y ¨40s.

VIII. El pasado domingo 4, en el patio central del Palacio de gobierno, marco de la Feria anual del Libro, ante selecta asistencia, la Mtra. Amparo Angélica Reyes Gutiérrez, Presidenta de la Sociedad Sonorense de Historia, el cronista Ing. Ignacio Lagarda, el Lic. José Ángel Calderón Trujillo y yo presentamos la 2° reimpresión de "Personajes de la ciudad. Nombre de algunas de las calles más representativas de Hermosillo", del Lic. Juan Antonio Ruibal Corella.

Calle es la vía pública de una población, limitada por dos filas de edificios o solares y ámbito de gente común, que constituye la parte mayoritaria de la sociedad, se expresa como vox populi.

Desde la época romana, la gente marca su lugar para orientación y para trámites cívicos. De allí la importancia de las Comisiones municipales de nomenclatura.

Una forma fácil de llamarlas es por letras o números, que cambian. Muchas del centro han adquirido fama o reúnen carácter peculiar: asiento de gremios artesanales, el trazo de una calzada colonial, homenaje a ilustres personajes de la cultura o de provincianos moradores. Lo de ilustres depende de la ideología o corriente política nacional o local en turno.

IX. Nomenclatura urbana. Los especialistas, con base en el lenguaje, clasifican en más de una veintena los tipos de nombres: flora, fauna, minerales, cerros, sierras, instituciones, leyes, planes de gobierno, fechas, estados, países, etnias y personajes. Destacan santos, beatos, héroes, militares, gobernantes del país y del extranjero.

Pero en las nóminas municipales se honra a ciudadanos que,  con su profesión, arte u oficio desde la sociedad civil, desde el pueblo de a pie y de la calle entregaron, desinteresadamente, su vida a su comunidad.

En Hermosillo. El estudio científico social (Las calles de Hemosillo, Lian Karp, Colegio de Sonora, 1987), hace tres décadas, con base en el sufrido periodista y politólogo marxista Antonio Gramsci, estima que un 30% llevaban nombres de personajes. De éste, un 22% de educadores, 11% de militares, 7% de letrados y 1% de historiadores y de músicos.

En este libro aparecen sólo 5 mujeres, profesoras: Zoyla Reyna de Palafox, Rafaela Rodríguez, Emiliana de Zubeldía, Concepción L de Soria y Elisa W. de Beraud. Muy meritorio, pues aún no irrumpía la demanda de perspectiva de género y de minorías.

El Ing. Ignacio Lagarda, exPresidente de la SSH y hoy cronista oficial, aportó interesantes estadísticas (ver final). Su interpretación es un problema de Semiótica y cultura política.

El libro. En esta especie cabe este volumen, de 247 páginas y vasta bibliografía y hemerografía. Usa como punto de contacto el nombre de calle o avenida, de 88 personajes, a quienes se recompensó con este galardón, por lo general póstumo.

Debe haber omisiones, como la calle, en la colonia Villa Bonita, del exrector y decano de Derecho Penal y Criminología del Noroeste, enseñó en el aula a sus 91 años de edad, y falleció el 2 de febrero de 2017, Lic. Roberto Reynoso Dávila.

Su autor. ¿Qué puedo decir de él, si es uno de mis mejores amigos, en la extensión sincera y ética de la palabra?

Reconocido hombre de cultura, Notario Público, prolífico escritor e impulsor de proyectos de esta índole,  con su paciencia franciscana e hiperactividad literaria.

Juan Antonio –como buen escribano gusta redactar a mano- está abierto a sugerencias, me aceptó incluir al forjador de músicos y patriotas, Mayor Isauro Sánchez Pérez y a la heroína de Etchojoa, que dio su vida por salvar a dos de sus alumnas, Profesora Rafaela Rodríguez.

Han pasado siete años de su 1° edición. Una siguiente aumentada podría completar este recuento moral, que yo sepa único en su género en el país.

Razón y sentido. El que las semblanzas sean conocidas por, al menos, los habitantes de estas calles; que su nombres den identidad a nuestra ciudad y sean ejemplo para emularlos (la emulación, el mejor antídoto contra la corrosiva envidia), son la válida y legítima razón de ser de este libro. Ojalá se tenga en las bibliotecas y en los hogares de nuestro Hermosillo, el antiguo, amado y cálido Pitic.

 

   PERSONAJES DE LA CIUDAD

Mujeres

5

5.7%

Hombres

83

94.3%

OCUPACION

ORIGEN

Médicos o farmacéuticos

15

17%

Hermosillo

17

19%

Educadores

19

22%

Ciudades de Sonora

29

33%

Militares

20

23%

Ciudades del país

31

35%

Empresarios

9

10%

Extranjeros *

11

13%

Diplomático

1

1%

* Francia, Polonia, USA, Italia, España, Alemania, Ecuador

Políticos

10

11%

Científico

1

1%

Músicos

2

2%

Sacerdotes

6

7%

Héroes

2

2%

Periodista o escritor

3

3%

88

100%

 

Pie de foto

 

Lic. José Ángel Calderón Trujillo, el Dr. Hector Rodriguez Espinoza, Lic. Juan Antonio Ruibal Corella


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