Por Fernando RUIZ DEL CASTILLO

 

El debate de los candidatos a alcalde de Mexicali celebrado este martes bajo la organización del Instituto Estatal Electoral de Baja California, más que darnos un "ganador" o cinco "perdedores" como tales, nos permitió observar las fortalezas, las debilidades y hasta las miserias de algunos de los participantes.

Con un formato ágil, estimulado por las preguntas incisivas pero equilibradas de los conductores Rosa María Méndez y Armando Nieblas, los candidatos Marina del Pilar Ávila, de la Coalición Juntos Haremos Historia en Baja California: Elvira Luna Pineda, del PBC; Lupita Gutiérrez, del PRI; Jaime Dávila, del PRD; Gustavo Sánchez Vázquez, del PAN  y Gerardo Aguiñiga, del MC, mostraron no solo sus muchos o pocos conocimientos, sino su calidad como personas y su desesperación como políticos.

La mesura de Jaime Dávila, la rigidez de Aguiñiga, la elocuencia de Elvira, la institucionalidad de Lupita, la serenidad de Marina y los arrebatos reiterados, pero sobre todo bien estructurados y ensayados de Gustavo, destacaron en el ejercicio ante las pocas propuestas presentadas por los candidatos.

No fue, insisto, un debate de ideas, sino un dime y daca de señalamientos y acusaciones que si bien alimentaron el morbo del respetable público, habrá que ver si quien llega a la alcaldía les da seguimiento para aplicar las sanciones correspondientes a las denuncias públicas presentadas.

Hay que destacar, primero, la presencia de la candidata de la Coalición que encabeza Morena, Marina del Pilar Ávila, quien a pesar de saber que estaría prácticamente sola ante los embates de políticos acostumbrados a debatir, mantuvo la serenidad y evitó, hasta donde pudo, caer en las provocaciones que fueron muchas, variadas y en algunos casos, innecesarias.

La candidata morenista llegó medianamente preparada. No le dieron elementos para rebatir los reclamos de Gustavo por la reducción en $40 millones de pesos del Fortaseg, uno de los principales ejes de ataque del alcalde panista con licencia, como lo es, un segundo eje, su falta de experiencia en la administración pública.

No obstante, podemos señalar que Marina del Pilar superó la prueba, a pesar de la falta de experiencia a la que Gustavo, Lupita y Elvira, le hicieron referencia en múltiples ocasiones, pues mostró mucha más serenidad y prudencia que sus contrincantes antes mencionados.

Elvira Luna, del PBC, siempre aguerrida, mantuvo el discurso crítico que trae desde su participación en el Partido Acción Nacional e hizo lo que tenía que hacer porque, al final de cuentas, nada es personal. Su posición en las encuestas le obliga a mantener esa estrategia para obtener algunos puntos adicionales.

Lupita Gutiérrez, del PRI, demostró capacidad y la experiencia adquirida, dijo, desde que ocupó un primer cargo público a la edad de 22 años. Pero Lupita carga con la pesada loza de un partido en descrédito, secuestrado por sus amigos, dividido y en consecuencia, pulverizado que enfrenta una de las peores crisis en su historia que lo puede colocar en el filo de la conservación del registro.

Sereno y ecuánime, Jaime Dávila, del PRD, evitó el enfrentamiento y aprovechó sus minutos para presentar algunas propuestas y responder con cortesía las preguntas de los conductores quienes cuestionaron y recuestionaron con gran profesionalismo a los participantes.

Del candidato de Movimiento Ciudadano, Gerardo Aguiñiga, podemos decir que fue una buena oportunidad para que los electores lo conocieran, así como sus propuestas y programas. Una participación aceptable, sin mayor trascendencia. Igual, evitó los ataques y prefirió llevar la fiesta en paz.

Gustavo Sánchez….Gustavo…

¿Pero qué afán de destruir esa imagen de caballero, padre de familia, hombre religioso y respetuoso que la mayoría de los mexicalenses que lo conocen tienen de él?

Se entiende que en la política todo se vale -o casi todo- pero en ocasiones cuando la imagen del personaje está tan ligada a los principios personales que presume practicado en su vida privada, como son el respeto, la humildad, la serenidad, entre otros valores, no se pueden caer en excesos de actitud que sacan lo peor de la condición humana.

Y Gustavo lo ha venido haciendo desde hace varias semanas.

Lo hace en cuanta oportunidad tiene delante de las cámaras, lo hace a través de comunicados y lo sigue haciendo mediante videos y memes que su legión de bots y perfiles falsos, contratados por su agencia publicitaria, que invaden las rede sociales atacando, insultando, desprestigiando y ofendiendo a la candidata de Morena.

Ese no es el Gustavo Sánchez Vázquez que los mexicalenses conocieron.

La caballerosidad y el respeto han sido rebasados por el miedo y la desesperación, sustituyéndolos por la diatriba, el ataque personal, la ofensa a una mujer joven, sin considerar que en ella se reflejan miles de mujeres y jóvenes cachanillas, lo que refleja la desesperación de un equipo de trabajo que siente que van perdiendo posibilidades no solo porque la mayoría de las encuestas lo colocan por debajo, con más de diez puntos, de la candidata de Morena, sino porque así lo sienten y perciben entre la gente.

En síntesis. Si Marina quiere mantener esa diferencia favorable en las encuestas, tendrá que preparase mejor para lo que venga. Su comunicación corporal mejoró considerablemente, lo que demuestra que está dispuesta a seguir aprendiendo. Si Gustavo Sánchez quiere mejorar su percepción, tendrá que cambiar de discurso y de actitud..aunque chango viejo no aprende maroma nueva.

 

 ruizfer01@hotmail.com


 

 

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