A sólo cuatro meses de iniciada la gestión del nuevo gobierno mexicano, esa administración le da la razón a sus críticos; se trata de un gobierno fallido.

Y no lo dicen los críticos y tampoco los malquerientes; lo dicen el Fondo Monetario Internacional, las calificadoras, los principales bancos y los expertos en analizar las estimaciones de crecimiento y desarrollo en el mundo.

¿Y por qué consideran que el de AMLO es un gobierno fallido a sólo cuatro meses de iniciado?

Por los errores, las torpezas, las mentiras y, en general, por la incertidumbre generada en los mercados y los inversionistas, a causa de las malas decisiones y las señales equivocadas que manda el gobierno de Obrador al mundo.

Sin embargo, y a pesar de las señales de alarma, el presidente mexicano sigue con la cantaleta de que "el tiene otros datos" y que la economía va por buen camino, además de que miente al dar estimaciones falsas sobre la lucha contra la corrupción, la violencia y, en general, el desempeño de su gobierno.

Y la gestión de Obrador no podía ser vista de otra manera –que como un gobierno fallido–, si todos los días vemos ejemplos grotescos del caos institucional; regaños a colaboradores y peleas en el gabinete presidencial.


Y el ejemplo más reciente lo vimos cuando el presidente y su secretario de Comunicaciones y Transportes pelearon para saber quién decía la vedad y/o quién mentía sobre las causas reales que derribaron el NAIM.

Dijo Javier Jiménez Espriú –ante senadores–, que no encontró indicios de corrupción y que el nuevo aeropuerto se canceló por inviable, en tanto que el presidente insiste en que la cancelación se debió a la corrupción.

¿Quién tiene la razón? ¿A quién debemos creerle? ¿Cuáles son los mensajes que manda esa incapacidad de ponerse de acuerdo en el origen de la destrucción de la obra más importante en México en el último medio siglo?

Y la de AMLO no puede ser vista más que como una gestión fallida cuando el presidente pregunta a la plaza pública –antes que a expertos–, qué debe hacer frente a Trump, quien insulta todos los días a los mexicanos.

No puede ser visto más que como fallido un gobierno cuyos niveles de violencia y criminalidad son propios de un país en guerra –más de 15 mil muertes violentas en sólo cuatro meses–, según la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet.


Y es que solo en un gobierno fallido su presidente se puede dar el lujo de mentir de manera sistemática y de pelear con los medios, a los que insulta todos los días, les exige derecho de réplica y revelar las fuentes de donde obtienen información.

Solo en un gobierno fallido se anuncian con bombo y platillo programas y proyectos que, si usted quiere saber de ellos, simplemente no existen. ¿Sabe en qué quedaron los 50 puntos contra la corrupción; las 100 promesas de desarrollo, la Constitución Moral…?

Sólo en un gobierno fallido su presidente destruye la tercera industria generadora de divisas y una de las más importantes en la creación de empleos. Y es que por torpezas y tozudez, el presidente Obrador, destruyó el trabajo de años para convertir al turismo mexicano en uno de los más importantes del mundo.

Sólo en un gobierno fallido se produce el corte de energía eléctrica en tres entidades del país –un apagón que duró 48 horas en toda la Península de Yucatán–, a causa de errores de sus directivos. Y, si no fuera suficiente –y al mejor estilo de Nicolás Maduro–, el presidente dice que se pudo tratar de un sabotaje.

Nunca, en la historia de México, el arranque de un presidente había resultado en tal desastre. Y apenas van cuatro meses.

Al tiempo.

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