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jueves 20 de septiembre del 2018
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Mayor Isauro Sánchez Pérez

Héctor Rodríguez Espinoza

Universitario sonorense representativo

Héctor Rodríguez Espinoza

Las tenues lágrimas que derramaba siempre que concluía el Himno Nacional, así fuera en ensayos, eran un mensaje ético, pedagógico  y el sudor del corazón de un ejemplar militar y patriota.

I. Espléndido concierto de la Banda del gobierno del Estado, creada por el Gobernador Samuel Ocaña, el pasado jueves 7, en su 38°aniversario. El maestro Miguel de la Rosa  nos regaló un programa: Adagio del concierto para clarinete, de W. Amadeus Mozart; La Cenerentola, Obertura de Gioachino Rossini; Poeta y campesino, de Franz von Suppé; Badinerie de J. Sebastian Bach; Tannhauser, de Wagner; Marcha Eslava, de Pior I. Tchaikovsky, entre otros temas.

Lamentable ausencia de las autoridades culturales. Inevitable recordar a un legendario maestro formador de la Banda de Música de la Universidad de Sonora.

II. En 1949, a su retiro del Ejército Nacional en 1947, invitado por su paisano y Rector de la Universidad de Sonora, Prof. Manuel Quiroz Martínez, el Mayor Isauro Sánchez Pérez arribó a Hermosillo el 15 de octubre de aquel año, contratado para impartir Música en la Escuela Secundaria y a dirigir la Banda de Música, que habían dirigido Mayor Guillermo Estrello González e Ignacio M. Bibriesca.

Se hospedó en una modesta vivienda en la Monterrey, luego en la Garmendia, Col. Centro y posteriormente en Reforma, Nte., donde falleció.

III. SU CONTRATACIÓN POR $300.00.

Memorándum a la directiva del H. Comité Administrativo, para la contratación definitiva del Mayor Isauro Sánchez Pérez, como director de la Banda de Música. Folio: 1

Firmado por: Profesor  Manuel Quiroz Martínez, Rector.

Fuente: Archivo Histórico de la Universidad de Sonora, MX26030AHUS. Sección: Mesa Directiva del Comité Administrativo. Serie: 01 Sesiones. Expediente: 11. Legajo: 4. Caja: 3.

Hermosillo, Son. Mex., a 18 de octubre  de 1949.

1.- El señor Mayor Isauro Sánchez Pérez, requerido para sustituir al de igual grado  Guillermo Estrello González, como Director de la Banda de Música de la Universidad, llegó a esta capital el día 15 del presente mes, presentándose luego en esta Rectoría.

2.- El Mayor se encuentra en la imposibilidad de quedarse en el cargo que se le ofreció, por la cantidad de $300.00 mensuales aprobada, en virtud de que esa cantidad le cobran por asistencia y hospedaje en esta Ciudad. En esa virtud ha acudido a la rectoría en demanda de salario que se le permita sostener aquí.

3.- He estimado muy justa su petición y considerando que será extraordinariamente difícil volver a encontrar un candidato de los antecedentes y categoría profesional de él, le he ofrecido gestionarle un sueldo de $500.00, debiendo acercarse tanto de la Banda  de Guerra. Esta última tiene $100.00 más de sueldo, por lo que, en caso de que el Comité Administrativo lo apruebe, solo quedará el problema de aumentar en $100.00  la cantidad que le había fijado, que era de $300.00.

Apoyo  esta disposición porque, además de contarse con un profesor sobresaliente en su gremio en la Capital de la República, se tendría al mismo tiempo una persona desligada ya del servicio militar, o expuesto a cualquier cambio o movimiento dentro del Ejército. El Mayor es militar retirado.

Sus antecedentes como profesor son excepcionales, graduado en el Conservatorio Nacional de Música, ha ejercido su profesión en el Ejército Nacional como Músico  solista, músico mayor, sub-director y, durante los últimos 14 años, como director de la Banda de Zapadores, una de las de mayor prestigio en la República.

Ese Comité, sin recargar el total del presupuesto de las escuelas, pues hay algunas permitidas no se tocarán, puede autorizar la administración de $100.00 más mensuales, en la inteligencia de que el interesado no escatima ni escatimaría cualquier tiempo a que se le exija para el desempeño de sus comisiones.

Muy atentamente

El saber de mis hijos hará mi grandeza

El Rector

Prof. Manuel Quiroz Martínez.

IV. UNA NOTA DE PRENSA. LA SORPRESA. 1950

"Solemne clausura de los cursos de la Universidad.

Miércoles 21 de junio de 1950. Se desarrolló ante gran concurrencia un programa artístico de relieve, excelente labor realizada en el año que se cierra. Con una concurrencia numerosísima, llenó totalmente los asientos del teatro al aire libre de la Universidad, así como sus corredores, se verificó anoche la ceremonia de clausura de cursos académicos correspondientes al presente año lectivo.

Presidieron el Gobernador del Estado, don Ignacio Soto, el Gral. iguel Orrico de los Llanos, comandante de la 4° Zona Militar, doctor Ignacio Cadena, Presidente del Comité Administrativo y licenciado René Martínez de Castro, Secretario.

El excelente programa se desarrolló en el orden de las invitaciones. Los apuestos estudiantes hicieron honores a la bandera con su banda de guerra y guardias junto al lábaro todo el acto. Los conjuntos corales de la señorita Emiliana de Zubeldía volvieron a ofrecer dos grupos selectos de canciones, muy aplaudidas.

LA SORPRESA fue la presentación, por primera vez, de la Banda de Música de la Universidad, reorganizada y dirigida por el Mayor Isauro Sánchez Pérez. Sorpresa porque en realidad fue algo nuevo para todos y que dejó gratísima impresión.  En el poco tiempo que tiene de laborar el Mayor Sánchez Pérez, con los muchachos, ha logrado formar un conjunto coordinado que interpreta correctamente y con sentido artístico las piezas. Muchos elogios para sus miembros y su director, y ahora que se ha dado este paso cultural, es de desearse que el Comité apruebe la adquisición de uniformes. Los flamantes músicos son de los estudiantes más jóvenes de la Secundaria.

El Rector hizo en informe sintético, el resumen de las labores del año. El saldo es favorable y la Universidad reconocida como institución de prestigio. El profesor Luis López Álvarez leyó un galano discurso haciendo resaltar la significación cultural para Sonora y para su Universidad, de los  acontecimientos culturales del año, el LX Congreso Mexicano de Historia y la primera Asamblea Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior, en Hermosillo.

El jefe del Ejecutivo declaró solemnemente clausurados los cursos y la Banda ejecutó el Himno Universitario y el Himno Nacional, escuchado respetuosamente de pie por la concurrencia."

V. UNA GENERACIÓN SINGULAR DE PROFESORES

La Escuela Secundaria me ofreció el cambio del proceso de enseñanza-aprendizaje en cuanto a la compañía de mujeres y a la diversidad de profesores para la variedad de las materias. El esfuerzo por recordar a tantos mentores, es la prueba de qué tanto dejaron, algunos, huella en mi conciencia. De  mis  tres  años recuerdo a la mayoría de mis preceptores, pero uno en especial.

VI. EL MAYOR ISAURO E. SÁNCHEZ PÉREZ Y LA BANDA DE MÚSICA. MI IMPRESIÓN DEL PRIMER DÍA

Quisiera relatar cómo fue mi primer contacto, el mismo primer día de clases en la Escuela Secundaria, con uno de los Maestros -con mayúsculas y quien llena rebosante aquel título de Mi personaje inolvidable, de la Revista Reader"s Digest- que mejor marcaron, para siempre, muchos de los rasgos más positivos de mi carácter: el Mayor Isauro E. Sánchez Pérez.

En Septiembre de 1956, a los once años de edad, saliendo de las primeras clases, al filo del mediodía, cuando habían finalizado las actividades de la mañana, esperé ansioso a mi hermano Luis por fuera del edificio de la Escuela  para que me llevara a presentar con el Mayor. Me condujo a saludar a su Maestro de música y Director de la Banda, al final poniente del pasillo norte, en un pequeño cuarto de servicio que utilizaba para oficina y depósito de los más variados instrumentos y archivos de partituras musicales.

 Me vi ante un maduro profesor, vestido con sencillez, de estatura regular, moreno, de lentes, cabello medio corto y entrecano, sentado en un escritorio rodeado de estuches negros, tambores, cornetas (también era Director de la Banda de guerra ), batería, saxores, bajos y tubas. Mi timidez, producto de mi natural excitación y tierna edad, se neutralizaba por la expresión del gusto del militar de saludar, después del verano, a su ya conocido, travieso y gordito discípulo Luis, precoz trombonista. Le traía a presentar a un nuevo candidato, hermano menor y deseosísimo de seguir la vocación del vástago mayor. (Fue una de las mejores formas de pertenencia a la Banda, la mayoría hermanos o primos, como Luis, Mario, Josefina y yo; los Curiel Jacobo, los Valencia Franco, los Melo, los Yeomans, los Corona, los Alegría, los Saldate, los  Negrete).

El profesor  vio con detenimiento mis labios, buscó en los anaqueles un estuche negro de madera, empolvado  -después  de  las vacaciones-, sacó  una trompeta, aceitó sus émbolos y me la puso en mi pequeña mano izquierda. Era un sueño que se estaba haciendo realidad; y ayudándome a  sujetarla correctamente y a maniobrar con la mano derecha los tres pistones de la parte superior, me colocó debidamente la boquilla en mis labios, un tercio en el superior y los otros dos en el inferior. Me indicó cómo tomar aire suficiente y soplarlo, semejando que decía ... ptuuu... ptuuu..., hasta conseguir una nota mantenida, por lo general un do o un sol.

Concluida la sesión inicial, Luis y yo nos fuimos a la casa. Con la nueva etapa de mi vida que principiaba con la educación secundaria, se iniciaba otra igual, o más importante, mi cultura artística musical; y con ella, todo un buen gusto y carácter, pero con la fortuna de contar con un Maestro y Mayor con una impecable hoja de servicios, que reunía un alma y un espíritu muy pocas veces conciliados y al alcance de quien quisiera abrevar en sus sabias, silenciosas y ejemplares enseñanzas.

VII. HOMENAJE PÓSTUMO

La Universidad se lo brindó, en Octubre de 1992, bajo el rectorado del Dr. Marco Antonio Valencia Arvizu. Previas semanas de ensayo ejecutamos la Marcha Madelón en su partitura originalmente manuscrita y los Himnos Universitario y Nacional, dirigidos por el trombonista, exalumno y actual Director, Horacio Lagarda.

Y es que si alguna etapa de la historia de la Universidad fue pródiga en sencillos y nobles profesores y maestros, caracterizados más por su tesón, desinterés, modestia y cariño por su profesión, que por sus grados académicos, es la de sus primeras décadas, de 1942 a finales de los años sesenta.

Si alguna virtud es capaz de trascender a la muerte de uno de esos viejos maestros, es la de producir, en sus discípulos, el significante gesto de recordar su memoria.

Y si la referencia a algún maestro, entre la pléyade de ellos provenientes del sur del país, cuyos nombres -y sobrenombres- se agolpan en la memoria de los alumnos de aquella Universidad incipiente, romántica e irrepetible, nos obliga a evocarla con respeto, gratitud y admiración, es la del pundonoroso militar originario de Oaxaca.

La disciplina que enseñó no era de las que formaron, en lo intelectual o técnico, a tantos egresados que debemos estar contribuyendo a la grandeza de nuestra sociedad. Para los que tuvimos el privilegio de ser sus voluntarios discípulos -después de la clase obligatoria- en la Banda de Música, la imborrable huella de su memoria conjuga una rica mezcla de vivencias, aprendizaje y recuerdos; desde su franciscana paciencia para enseñar los rudimentos de los más variados instrumentos, a todos y cada uno de los que nos iniciábamos, hasta nuestra inclusión en la "Banda Grande"; la escrituración personal que hacía de casi todas las partituras; sus diarios consejos morales contra los vicios degradantes -predicó con el ejemplo-; su cariño en todas las tareas; su disciplina y exigencia en la ejecución de las audiciones; y el contagioso gesto de júbilo y humilde euforia después del aplauso, en una fácil sonrisa y el puño en lo semi alto.

El Teatro De Zubeldía es mudo testigo de innumerables intervenciones en ceremonias de coronación y de fin de cursos, en los auditorios en todo el Estado. En festejos tradicionales como el 6 de Abril en Caborca, el 1 de Junio en Guaymas, el día del ferrocarrilero en Empalme, las fiestas del cobre en Cananea, entre muchas giras de promoción y difusión cultural interdisciplinarias.

El repertorio era rico y variado: oberturas, valses, marchas, fragmentos de óperas, operetas, zarzuelas, intermezos, música clásica, semiclásica, ligera y popular, sus composiciones y arreglos de música popular mexicana, hasta los Himnos Nacional y Universitario, con ejecución difícilmente superable. Sus alumnos nos contamos por cientos.

Se retiró por su avanzada edad en 1970 y vivió sus últimos años en su humilde vivienda por la calle Reforma, con una modesta pensión, rodeado de su esposa e hija Donají.

El domingo 16 de Junio de 1974 -día del Padre-, a las cuatro de la mañana, cuando le daban las mañanitas como cada año, sus más leales y fieles discípulos -los hermanos Curiel-, expiró en su lecho de enfermo.  No se le concedió el deseo, tantas veces externado, de "morir en su mesa de trabajo".

Pocos maestros han merecido tanto las notas de los Himnos Universitario y Nacional que ejecutó la Banda de Música, su Banda de Música, en las escalinatas de la Rectoría; y el adiós musical del Coro de su compañera de misión -y ahora de destino- Emiliana de Zubeldía, alrededor de su tumba -hoy ignorada- en el panteón Yáñez, en su sepelio.

Mayor Isauro Sánchez Pérez: en el lugar del firmamento eterno donde usted se encuentre, le decimos: sus lecciones y enseñanzas no deberán ser en vano.

¡Hasta siempre, Mayor!

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