Ayuda de memoria

Por: Raymundo Riva Palacio / ejecentral.com Día de publicación: 2017-11-11 /


Los chistoretes de Andrés Manuel ER. TIEMPO: Ni a Obama se le ocurrirían sus cosas. Un nuevo actor, quizás involuntario, se ha sumado a la larga lista de declarantes de cosas sin sentido, que es de lo que se nutre la vida pública en México. Con su retórica poderosa, irrumpió Andrés Manuel López Obrador, virtual candidato de Morena a la Presidencia, quien ha tenido varios días en las dos últimas semanas, llenos de humor. Uno fue sobre el avión presidencial que adquirió el gobierno de Felipe Calderón para que lo usaran los siguientes mandatarios. El avión, un Boeing 787-8, costó 218 millones de dólares, bastante menos que los 580 millones presupuestados por Calderón y mucho menos de los tres mil que llegó a decir López Obrador que se habían pagado por él, fue pretexto para su frases célebres, "ni Obama lo tiene", para señalar en su momento que era un avión mejor que el del entonces presidente Barack Obama. Eso es una mentira flagrante. De hecho, el nuevo Air Force One en donde viaja el presidente Donald Trump, costó casi mil millones de dólares, y el gobierno de Estados Unidos no adquirió uno, sino dos. En mayo del año pasado declaró en Radio Fórmula que le había enviado una carta a Obama para decirle que no comparara otro avión porque en 2018 iba a vender el mexicano, por eso de que se le ofreciera adquirirlo (aunque los modelos son completamente diferentes y lo que carga el estadunidense en equipos de seguridad y defensa, no lo puede cargar el mexicano). Ahora, López Obrador, como Obama no le hizo caso, dijo que se lo va a ofrecer a Trump el próximo año. ¿Por qué razón? Simple: porque es vecino de México. Si acaso Trump también lo ignorara, se lo vendería a "cualquier otro personaje, a la Boeing o a una línea aérea". Buena idea la del virtual candidato a la Presidencia, que dice que no necesita un avión especial para viajar por el país. Si llega a Los Pinos viajará en avión comercial, pagará una multa cercana a los 50 millones de dólares por romper un contrato a 15 años y todo, para nada. Vender el avión no resolverá ningún problema en el país. Él lo sabe, pero el discurso chistoso juega mejor para sus fines electorales.

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2DO. TIEMPO: Buenas intenciones, pésimo mensaje. En Chiapas, Andrés Manuel López Obrador anunció uno de sus grandes proyectos para cuando llegue a la Presidencia en 2018: la descentralización del gobierno federal. Todo será reubicado, incluida una buena parte de los ocho millones de burócratas. El anuncio original incluía la descentralización de las secretarías de la Defensa y la Marina, pero al día siguiente rectificó. Ellas no se mueven, ni la Presidencia, ni las secretarías de Gobernación, Relaciones Exteriores y Hacienda por razones que "luego explicará", que en su lenguaje significa que nunca dirá por qué. La racional de López Obrador es que la descentralización, enfocada al sur y sureste del país, estimulará el crecimiento de esas regiones económicamente muy deterioradas. El objetivo es tan bueno como necesario. Esa zona tiene un atraso de 30 años en comparación con el norte del país, y si no se hace algo urgente por reactivarla, se separará más y más, social y económicamente, del sur del país. El mensaje no le ayuda a López Obrador si quiere transmitir tranquilidad a los mercados, al dar claridad sobre su pensamiento económico y por más que esconda, lo que piensa como modelo de país. Su idea es estatista, que es un sistema que hoy en día sólo existe en Corea del Norte y trata de reinstalar Venezuela. El modelo se inventó para la recuperación económica de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, donde las ideas del economista inglés, John Maynard Keynes, llevaron al gobierno a jugar el papel de interventor y controlador de la economía. El modelo se empezó a agotar hace unos 50 años, cuando los gobiernos más cerrados iniciaron una apertura donde el sector privado jugó un papel clave en la economía. La participación de capital privado no es vista en el mundo como algo negativo que hay que rechazar, como sí piensa López Obrador. El capital privado se utiliza para apoyar las acciones que haga el gobierno, porque cada vez más, en México y el mundo, los presupuestos no alcanzan para que se hagan las cosas con la sola participación estatal. La descentralización anunciada pretende que sea el gobierno el que recupere el sur y el sureste del país, sin la participación de nadie más, lo que hace inviable la propuesta porque no alcanzará dinero en el presupuesto para ello.

3ER. TIEMPO: Ya le dijeron, pero no entiende. El potente adversario de todos en la contienda por la Presidencia de la República, es muy vulnerable. No en retórica, donde Andrés Manuel López Obrador es un maestro, sino en argumentos. Esto no es un secreto. Cuando en mayo del año pasado le dijo su entrevistador en Radio Fórmula que el avión del presidente Enrique Peña Nieto no era mejor que el de Barack Obama, su respuesta fue que eso confirmaba que "ni Obama tenía uno como esos", evadiendo responder con datos su aseveración. A mediados de septiembre estuvo en Nueva York, donde platicó con inversionistas de JP Morgan, cuyos analistas Nur Cristiani y Pedro Martins, habían elaborado un estudio sobre su plataforma económica. No les gustó la ambigüedad de López Obrador al responder sus cuestionamientos. Tampoco pudo contestar de dónde saldría el dinero que necesitaría para echar a andar su proyecto económico, porque sus análisis les daban que costaría varias veces más el presupuesto actual. Ninguna respuesta concreta en una decepcionante participación, que es algo que se ha venido continuando en México. Recientemente habló con empresarios mexicanos donde dijo que construiría una universidad, como la de la Ciudad de México en cada estado, con sus diferentes campus. Los empresarios le respondieron inmediatamente que no tendría dinero para hacer toda esa obra, a lo que López Obrador respondió: "Si no alcanza, le bajamos un poquito". Se quedaron estupefactos. "¿Un poquito?", dijo uno de ellos. Esta descalificación se viene acentuando ante su ligereza intelectual, y la obsolescencia de su pensamiento económico. No va a modificarse. Como escribieron Cristiani y Martins en su análisis sobre López Obrador, aunque con algunos cambios, su plataforma de 2006 y 2012, sigue siendo la misma que en 2018. Sus chistoretes, pues, urgen contenido.




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