Articulista invitado

Por: Héctor Rodríguez Espinoza / Encuentro29.com Día de publicación: 2017-08-31 /


Valer y dignidad de la madurez humana


Héctor Rodríguez Espinoza

 

“Cuando cumplí 65 años, encontré en mi buzón un folleto del Municipio y la información de las diferentes prestaciones sociales y subsidios que me correspondían: media tarifa en todos los medios de locomoción urbanos y en FFCC, reducción de todos los precios en la entrada en la mayoría de teatros y salas de concierto, en la quiropedia y fisioterapia, comidas baratas y equilibradas en restaurantes para jubilados, acceso a los talleres de aficionados y actividades culturales y sociales en los centros de servicios sociales para pensionados. La enfermera distrital y una asistente social me visitaron para preguntar por mi salud y la comodidad de mi vivienda. Como padezco artritis, me asignaron una asistente que vendría a mi casa cada dos semanas para ayudarme durante dos horas en la limpieza, cobrándome una cantidad proporcional a mis ingresos. . .”

         Por supuesto que este testimonio no es de un habitante de Hermosillo, de Cd. Obregón o de Nogales. Es de un contribuyente de Lidmgo, Alemania.

         En alto contraste, en Hermosillo –pueblo grande sin espacios culturales y saturado de expendios-, el año anterior miramos, con tristeza y decepción como ciudadanos, la fotografía del cadáver de un anciano de 70 años, plomero de oficio, que yacía atropellado debajo de un camión urbano. Además de las pulgadas que ocupó en el efímero ejemplar del periódico, no dijimos nada.  Ninguna autoridad hizo algo. No pasó nada. Total, ….   

          En la mayoría de las culturas antiguas -Grecia, Roma, India, China y Egipto-, los ancianos tuvieron un lugar privilegiado en la sociedad.

          Durante la Edad Media los invasores bárbaros eran básicamente guerreros y, como tales, despreciaron a los ancianos.

          El Cristianismo jugó un papel ambivalente: por una parte creó hospitales donde se practicaba la caridad cristiana, pero su objeto era la caridad en sí misma, no tanto la atención al anciano.

          Al romano Cicerón debemos el espléndido texto titulado De Senectude, elogio supremo de esta tercera edad.

          Baltazar Gracián, español que vivió en 1606 a 1658, en El Criticón, dedicó una parte llamada “En el invierno de la vejez.”

          En la región mesoamericana del México Prehispánico, las culturas Náhuatl y Azteca estimaron como deidad al anciano. Para la sociedad prehispánica mesoamericana, la Huehuéyotl, senectud, no implicaba necesariamente un estado de decrepitud o pérdida de las facultades por efecto de la edad. En particular la Náhuatl escribió importantes reflexiones en torno a los ancianos: los Códices Matritense y Florentino.

 

Pensamientos célebres

          En la juventud, la belleza es un accidente de la naturaleza. En la vejez, es una obra de arte. Amamos las catedrales antiguas, los muebles antiguos, las monedas antiguas y los viejos libros, pero nos hemos olvidado por completo del enorme valor moral y espiritual de los ancianos. (Lin Yutang, Escritor Chino. 1895-1976.)

         El arte de envejecer consiste en conservar alguna esperanza. (Andre Maurois. Novelista y ensayista francés, 1885-1967).

         Cuando envejecemos, la belleza se convierte en cualidad interior. (Ralph Waldo Emerson. Clérigo, 1803-1882).

          En los ojos de los jóvenes vemos llamas, pero es en los ojos de los mayores que vemos la luz. (Víctor Hugo. Escritor Francés, 1802-1885).

          Cuando ya se han cumplido 80 años, o estamos cercanos, todo contemporáneo es un amigo. (Igor Stravinsky.)

Productividad    

          Para quienes piensan que la edad madura es de improductividad material o espiritual, habría que recordarles que Eusebio Francisco Kino, cuyo tricentenario de su arribo a Sonora se festejó en 1987, realizó su gigantesca obra humanista en la Pimería Alta, de los 41 a los 65 años. Miguel Ángel tenía más de 69 años cuando terminó de pintar sus frescos, en la Capilla Sixtina. Goethe tenía 84 años cuando terminó de escribir Fausto. Leopoldo Van Rambe empezó a escribir su Historia Universal a los 80 años. Verdi  escribió su Opera Otelo, a los 74 años. Es en la música -corona de las bellas artes-, por cierto, donde abundan los casos: Beethoven, Mozart, Bach, Handel, Hydn, Rossini, Berlioz, Schumann, Lizst, Wagner, R. Strauss, J. Strauss, Dvórak, Grieg, Rimsky-Korsakov y Sibelius escribieron en su plena madurez su legado clásico y eterno.

         En el año 1833 en Berlín, Alemania, el científico, humanista y explorador prusiano Alexander von Humboldt, cuando poseía más de 70 años, sentado en el escritorio de su biblioteca, contento y pensativo, empiezó a escribir, en su obra Cosmos, sus recuerdos del viaje por América, el cual le dejó una huella profunda en su vida.

        El Tiziano pinto obras maestras a los 98. Toscanini dirigió orquestas a los 87. Edison trabajaba en su laboratorio a los 83. Benjamín Franklin contribuyó a redactar la Constitución de los Estados Unidos a los 81…

       En 1998, a la edad de 77 años, el astronauta y Senador norteamericano John Glenn inició un nuevo e histórico vuelo al espacio, desde el Centro Espacial Kennedy, en el transbordador Discovery.

        Los nuestros Augusto Novaro, Fermín Revueltas, Blas Galindo, Manuel M. Ponce, Julián Carrillo, Isauro E. Sánchez Pérez, Emiliana de Zubeldía, Roberto Reynoso Dávila y muchos otros hicieron lo propio y demostraron que, a pesar de su edad avanzada, se pueden crear obras culturales y trascendentes.

 

Seguridad Social

          En 1889, Otto Von Bismark estableció, por primera vez, la legislación que determina que es a los 65 años la edad de retiro de la vida activa para pasar a la jubilación. A partir de ese Acuerdo, otras Legislaciones nacionales fijaron la misma norma, y la Ley del Seguro Social mexicana estableció esa edad para retiro y jubilación.

          En México, debido a los avances de su economía y salud en las últimas décadas, la tasa de mortalidad se ha reducido en forma considerable, y la esperanza de vida pasó de 35 a más de 75 años. La esperanza de vida al nacer es de 75 años para hombres y hasta de 76 años para mujeres. El número de viudas es tres veces mayor que el de viudos.

          Si la población de edad avanzada aumentó, de 1950 a 1980, 178%, para el año 2000 fue superior al 412%. México tenía, en 1980,  3 953 000 personas de 60 años o más. Para 1995 tenía 5 969 643; 2 818 599 hombres y 3 150 644 mujeres. Para el 2000 rebasó los  4 500 000 habitantes de 65 años o más, el 4.5% del total, pero la cifra ha sido rebasada. Bajo esas tendencias, en el año 2040 alcanzaríamos los niveles de envejecimiento de la ex República Federal de Alemania, país calificado de “viejo”, cuya proporción llega al 15.1%.

         La emergente urbanización y la creciente industrialización han provocado una fractura en la familia como unidad productiva, trayendo la sustitución de funciones, aislamiento social y altas dosis de ansiedad, que el anciano trata de vencer. El Instituto Nacional para Adultos Mayores realiza acciones tímidas y de carácter metropolitanas: algunos albergues, autobuses para recorridos y visitas,  cursillos de preparación al retiro, un centro cultural que apoya algunos cientos, consultas médicas y descuentos en servicios públicos y un baile anual. El modelo asistencial lo reproducen pocos Estados y Municipios.

          En Sonora, la población de 65 años o más, que constituye aproximadamente el 2%, vive en las seis ciudades grandes: Hermosillo, Cajeme, Navojoa, Guaymas, San Luis, R.C. y Nogales. Según INEGI son 286,436 personas de 60 o más, 90,000 sin ningún ingreso o pensión.

       El derecho a la seguridad social de las personas de la tercera  edad que carecen de ella por no estar afiliados a ninguna Institución, y que tienen que seguir trabajando con grandes riesgos –como el anciano de la fotografía, que conmueve-, es una deuda para con millones de mexicanos que ya entregaron lo mejor de sí mismos.

       Infortunadamente no veo en la mayoría de los jóvenes políticos actuales –más preocupados por su metro sexualidad y carrera personal, ambición de escalar puestos y riqueza cómoda que por problemas como éste- la vocación y madurez para comprenderlo y resolverlo, en la esfera de su competencia.

       La profesión política es de tal naturaleza que en ella las facultades adquiridas (erudición y rutina práctica) solas no sirven de nada; es más bien una profesión de personalidad, al igual que la del artista, del maestro, del sacerdote y del militar; se distinguen de todas las demás en que tiene sumo interés lo que sean sus representantes como hombres, mientras que tal cuestión es bastante indiferente respecto al constructor de una máquina de vapor.

      La profesión política es la única que se distingue, porque las propiedades de carácter que se exigen dependen de la madurez de edad. En la silla del que ordinariamente decide sobre el bien y el mal de los hombres e intervienen en la vida social de una manera directriz y coercitiva, no puede ponerse a hombres muy jóvenes. La personalidad necesaria para el político se encuentra raramente desarrolladas de una manera suficiente en personas jóvenes, aun en las mejor dotadas. Conocimiento del mundo, emparejado con una profunda seriedad moral, humanitarismo unido a un rigor inflexible puesto al servicio de la idea del Derecho, y finalmente la más alta libertad de espíritu, que tan bien se concilia con la disciplina firme, porque precisamente es hija de ella: éstas son sus cualidades ideales. Y sólo logra reunirlas, aproximándose al ideal, el hombre que ha entrado en la plenitud de la vida. Es justo y procedente que “el mundo sea regido por hombres sabios de cincuenta a setenta años”, decían los griegos.




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